Lo principal, lo importante, es saber lo que debe ser
observado.
Nuestro jugador no se reduce únicamente al juego aunque este sea el objeto actual de su atención, habrá de prescindir de determinadas deducciones originadas al considerar objetos extraños al juego. Examina la fisionomía de su compañero, y la compara cuidadosamente con la de cada uno de sus contrarios. Se fija en el modo de distribuir las cartas a cada mano, observando las miradas de los jugadores ante su juego. De cada una de las variaciones de los rostros, recogiendo gran numero de ideas por las diferencias que observa y las distintas expresiones de seguridad, sorpresa, triunfo o desagrado. La forma accidental con la que cae una carta o el volverla sin querer, con la ansiedad o la indiferencia que acompañan la acción de evitar que sea vista. Cuando se han dado las dos o tres primeras vueltas, conoce completamente los juegos de cada uno, y, desde aquel momento echa sus cartas con tal absoluto dominio como si los demás jugadores las tuvieran vueltas hacia el.
Mientras el analista es, necesariamente ingenioso, el hombre
ingenioso esta con frecuencia notablemente incapacitado para el análisis.
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